Texto y dirección: Mar Díez
Intérpretes: Vicente Navarro, Julio Rojas, Alberto Alonso
Compañía: Tennessee Producciones

Estoy en una terraza del centro de Madrid con tres de los integrantes de Tennessee Producciones, una compañía a la sombra del Maestro William Layton. Después de la sala Azarte y Lagrada, No necesito saber tu nombre, obra esencialista, meditada y necesaria llega al teatro Lara (días 1, 2 y 3 de julio). Mar, la dramaturga y directora, es uno de esos rostros conocidos para la afición del teatro. Julio y Vicente hablan en primera persona de sus personajes cautivándome con su voz… ya lo hicieron durante la función. Sólo falta Alberto, vigía y censor de una historia de amor surgida en lo más lóbrego de la institución carcelaria. La conversación es tan cálida y blanda que pedimos una segunda ronda.
Se puede escribir poesía en un campo de concentración… y se puede amar en prisión.
M: En el submundo, los sentimientos más positivos, en este caso el amor, pueden ser mucho más grandes y auténticos.
V: Se ama más profundamente en una prisión: valoras lo que no tienes y ves cristalino lo que sí tienes.
Aunque sobre el texto planea la sombra de Jaime Gil de Biedma, no dejo de pensar en Jean Genet.
M: Es inevitable. Aunque a la hora de escribir no lo haya tenido presente, en esta obra hay algo de sus rituales y ceremonias. Como dramaturgo uno está habitado por otros grandes.
V: También hay algo de su oscuridad.
J: En cuanto a Gil de Biedma, es un poeta que Mar ha querido homenajear, un personaje que se mueve entre los otros tres personajes físicos de la obra. El amor sobre el que él escribe es muy similar al que tiene lugar en nuestra historia.
Hablemos ahora de los personajes de Julio Rojas y Vicente Navarro. Pronto se olvida que son dos asesinos…
M: ¿Te das cuenta de lo sencilla que es la manipulación?
… Frente a las críticas que dicen que su historia es una historia de amor fou, yo creo que su romance surge de una necesidad… casi “material”.
V: La chispa surge en un momento en el que Julio está solo y yo estoy solo (diez años de una soledad con la que ya he aprendido a convivir). La gran pregunta que le hago es si cree que estando fuera de prisión la situación sería la misma… no obstante, hablar de un amor fuerte, es hablar de amor fou.
J: Cuando hicimos las lecturas de mesa hablábamos de la pulsión erótica y de muerte (Eros y Tánatos). Yo creo que más que un amor romántico (aunque Mar, Alberto, Vicente y yo somos muy románticos y eso nos ha puesto juntos) es un amor trágico.
M: Toda historia verdadera termina con la muerte.
El carcelero (Alberto Alonso) lee poesía y quiere a su perro. Por lo demás, desconoce la empatía, abomina la piedad, sin variación ni tránsito. ¿El mal con letras mayúsculas?
M: Es un personaje muy duro y siniestro (más banal que sádico), pero sí con inflexión: una inflexión perversa, que se halla precisamente en los puntos que le humanizan: ama el arte, ama la literatura de Gil de Biedma.
J: El carcelero utiliza sus poesías con el fin de hacer daño, el arte como arma arrojadiza.
V: Aunque no está en el escenario, el carcelero fue trabajado como un personaje en todos los niveles.
M: Una voz en off pregrabada nos lo hubiera hecho todo más fácil (tal vez, la voz de un actor famoso), pero no hubiese tenido tanta fuerza.
J: Nosotros concebimos el teatro desde la escucha de la que hablaba William Layton, eso no es posible con una voz en off. Un actor cada día tiene un matiz distinto.
La dramaturgia postmoderna se hibrida constantemente con la narrativa, la poesía… Vosotros volvéis a la estructura férrea del conflicto. Así en cada escena. ¿Influye el hecho de que Mar Diez, además de dramaturga y directora, sea actriz de William Layton?
V: Una característica de la compañía es que amamos mucho a los personajes y a los actores.
M: Como actriz con largo recorrido, habiendo trabajado con Plaza, Narros, Wilson, llevo el conflicto metido en la sangre. El teatro es conflicto, de la misma manera que la vida es conflicto. Mis textos, independientemente de su estética, siempre plantean la necesidad de resolver algo a vida o muerte.
J: El hecho de que Mar sea actriz influye también en la manera en la que nos dirige: está en el escenario viendo lo que ocurre entre sus actores. Antes que nuestra directora ha sido nuestra profesora, y sabe cuándo damos en la diana: cuándo el conflicto es real. Lo sabe observar porque lo ha experimentado.
V: No quiero usar la palabra verdad…
M: Pero sí autenticidad.
Demostráis la máxima de que se puede hacer teatro con dos actores, un tablero y una pasión. ¿Producción? ¿Elección estética? ¿O ambas cosas?
V: Esta es una obra de personajes. Yo ya no entiendo el teatro de otra manera.
M: La decisión parte de la escritura: no he hecho de la necesidad virtud. Es esencialista. Con el desnudo la historia de amor gana en potencia. Sin embargo, entiendo que la luz es el último personaje, el convidado de piedra.
Considero que el único elemento “barroco” del espectáculo es la música.
M: La música ha sido muy discutida, porque entra como un hachazo, en este caso sí se trata de una decisión estética. Es una abstracción que me ayuda y les ayuda, aportando un extrañamiento a la función.
J: Los cuatro temas crean una atmósfera muy particular, están situados en momentos concretos, en los que los personajes son capaces de volar por encima del lugar en el que se encuentran. Salen de nosotros.
Escribir sobre la homosexualidad hoy, con un afán social, garantiza el apoyo de determinados colectivos e instituciones. ¿Os sentís beneficiarios de cierta discriminación positiva?
J: La obra tampoco es un alegato homosexual ni se vende así.
M: Trasciende el género. De hecho, los dos han sido heterosexuales hasta el momento en el que la acción comienza.
J: Aunque estamos en el Festival Visible por algo, muchas veces los colectivos gays no se identifican excesivamente: se nos ha dicho que la obra es poco morbosa, demasiado intelectual.
M: En general, sólo homosexuales de una cierta edad han tenido una respuesta muy emocional.
V: Cierto es que la Fundación Triángulo o el COGAN nos han prestado su apoyo (moral), pero sus brazos son los que son y sus recursos limitados.
Vuestro modesto éxito (en el teatro sólo existen éxitos modestos) me ha devuelto la confianza en el boca a boca como estrategia de marketing.
M: Para mí era un mito. En tanto tiempo como llevo en el teatro, no lo había vivido nunca por el tipo de producciones en las que he trabajado. Es una satisfacción increíble que la obra haya funcionado sin ninguna ayuda. ¡Hay que hacer teatro como sea!